la ciudad creativa

Wednesday, October 25, 2006

el encanto del centro


No os asustéis. No voy a disertar, hasta aburrir, acerca de ese oscuro objeto del deseo que es el centro político, buscado hasta la saciedad, y no encontrado, por algún partido de ámbito nacional, muy nacional...

Hoy quería hablaros de
la diferencia entre vivir en una ciudad, y vivir en el centro de una ciudad.

Porque la obsesión por vivir en las ciudades nos ha llevado a desnaturalizarlas, y nos da igual vivir en el 19 arrondissement de París que enfrente del George Pompidou, porque, total, ¡vivimos en París!

Lo mismo, o peor, en Madrid, que alguien de Toledo tarda menos (y tiene muchos más servicios) en llegar al centro de Madrid, que alguien que vive en el extrarradio de la capital.

En Cádiz lo resuelven estupendamente. Llaman Cádiz al centro histórico, a la zona dentro de las murallas, y el resto es extramuros.

Como decía Alejandro Sanz, no es lo mismo.

El crecimiento imparable de las ciudades ha conseguido este dudoso logro.

Y santander no iba a ser menos. ¿Habéis probado a buscar un piso en el centro?. ¿Habéis intentando comprar un piso entre los límites de Cuatro Caminos y el Palacio de Festivales, y no más arriba de la Calle del Carmen y Los Acebedos? Pues si no lo habéis hecho todavía, ni os molestéis.

Es misión imposible. O un cuarto o quinto sin ascensor en edificio de madera, o prepara mínimo 240.000 euros y subiendo. Y lo asumimos con naturalidad.

Al final la gente joven se va del centro (es expulsada), nos acostumbramos a quedarnos en casa por la pereza de la insufrible movilidad urbana, y la ciudad pierde vida.

Además, nos permitimos (o se permiten) el lujo de tener la mejor zona del centro de Santander abandonada, semiderruida, marginada y fuera del mapa de la ciudad.

El encanto del centro no se puede explicar con palabras.

Hay que vivirlo. Pero no nos dejan.

Tuesday, October 24, 2006

Se fueron los días azules y regresa el gris que mezcla al naranja para romper el reloj que marca el paso de los días.

Esa playa y un horizonte silencioso. Ese gris de cielo con el gris de las rocas agudas, cuchillas que cortan una marea rota. La espuma de la ira, gris también antes que blanca, salpica todos los cantos en el paraíso que me vio nacer.

En el esqueleto de los muelles. Laredo se desnuda y se deja ver en plenitud. En sus entrañas nace el Túnel, esa galería de la Historia; libro que conduce al cuadro, que es el Canto. Tardes para perderse en la música de las olas y en el lienzo de sus cielos, de caprichosos trazos. Recorrer los últimos senderos que respeta el mar allí es imbuirse en otra época. Aire marino para aquel que perdió su alma en el aire de la ciudad.

Esa playa, luces nerviosas que viven en el agua de la noche. Esas rocas que asoman tranquilas y la selva que espera dormida. La misma bahía se retuerce en el mismo Mar Cantábrico.

Esa playa. Esa Historia paralela. Es Laredo en otro tiempo, casi otro lugar…

Monday, October 23, 2006

PARiS

La gente de tu ventana vive y muere entre el marco y el cristal. Podría ser alguno de ellos; podría ser un animal. Por ser, sería el suelo que se hace cielo con las luces de esta ciudad.

Los coches pasan y no sé hacia dónde van. Las personas pasan y desaparecen para siempre por detrás de las esquinas. Boulogne-Billancourt. No los volveré a ver.

En tu ventana podría olvidar el tiempo. Podría ser eterno. Porque no siempre tenemos lo que queremos, ni a veces queremos lo que tenemos.

Los días han pasado muy deprisa últimamente. De Momatre al Louvre en dos segundos. Del Sena de tus ojos al cuadro de Pigalle todo ha cambiado, pero nada ha cambiado. Porque nada cambia. Nunca nada cambia. Y el día se acaba, pero no se acaba nada más. Nada acaba de acabar. Nada acaba hasta que acaba en Trocadero y es hora de despertar.

De cielos negros llora París mientras arde la Ile-de-France.
Eras la vela que prende la última esquina del Universo, y era el ritmo de tus días el que desata una nueva forma de gravedad. Por eso no sé por qué lloras arriba; no sé qué te hizo llorar. Con el infierno upstairs y con el cielo in the background, nada acaba de acabar; mientras sigo y seguiré atrapado entre tu marco y tu cristal.

No sé si subir. No sé si seguir. Quizá te odio porque te quiero, pero nunca más.. París.

Monday, October 02, 2006

Domingo en Burgos y Vargas

Burgos y Vargas tienen mucho en común. Son dos calles santanderinas, fonéticamente tienen idéntica construcción, están comunicadas entre sí, y tienen mucha vida. A diario, pero sobre todo los domingos.

Me encanta esa zona de Santander. Es muy especial. Casi tiene identidad de Barrio. Se puede pasear, sentarte, tomar algo, comer, hacer pequeñas compras, está céntrica, hay gente a todas horas, y gracias a las personas bienvenidas (de otros países) ha crecido, ha mejorado, y tiene futuro. Hay niños que juegan en la calle, hay gente sonriendo, hay besos de encuentro, abrazos de despedida, hay risas, hay trabajo que hacer.

Un domingo en Burgos y Vargas es el mejor domingo santanderino para mucha gente. Sobre todo para la gente que ha encontrado en estas dos calles su hogar, su tierra, su referencia vital, el sitio donde jugarán sus hijos.

Deberíamos cuidarlo más. Aprender a cuidarlo todos.